“Hay algo más trascendente que ganar: esta camada volvió a encontrar un sello”, le dijo el entrenador de la Selección a Clarín.

Sergio Hernández, a solas con Clarín. Foto: Gerardo Dell’Oro

Por Mauricio Codocea

La adrenalina por competir para lograr el objetivo de que la Selección de básquetbol se clasificara al Mundial de China no permitió que se evidenciaran rastros, pero Sergio Hernández la pasó mal en La Rioja. Llegó a esta provincia con dolores en la espalda y acá supo que había tenido una reacción viral: el herpes zóster, conocido popularmente como “culebrilla”. Los dolores fueron tan intensos que lo marginaron de entrenamientos y casi decide no asistir al partido con Estados Unidos. Pero corticoides mediante, pudo dar el presente.

El entrenador del seleccionado argentino llega al hall del hotel Naindo Park, pocas horas antes de dejar esta provincia con el pasaporte mundialista, y aunque su andar todavía evidencia alguna molestia, se trata más de la sensibilidad de los últimos días. “Me desperté a las 7, luego de dos noches casi sin dormir, y no lo podía creer”, dice incluso animándose a reír mientras se sienta en un sillón para una charla de casi media hora con Clarín.

Sin dudas, lo que ha hecho el equipo es para estar satisfecho. Pero como yo soy muy del día a día, si llegamos a perder un partido voy a tener que dejar pasar dos días para reconocer que igualmente estamos bien (risas), porque una derrota no puede empañar algo o modificar una idea”, comenta.

Sergio Hernández, a solas con Clarín. Foto: Gerardo Dell’Oro

La clasificación a China 2019 significa la concreción de lo que será un sueño para muchos jugadores, que si bien no son tan jóvenes y tienen varios años de Selección, sí serán por primera vez piezas relevantes del equipo. “Esta camada se armó para los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 -recuerda Hernández-. Y si miramos todo lo que jugamos y hacemos los números, perdimos muy pocos partidos”.

El técnico no desconoce los distintos niveles de exigencia y que falta enfrentar a los mejores de otras regiones del mundo, pero al mismo tiempo elige privilegiar lo que se logró, independientemente de los rivales. “Algunos dicen que no jugamos con los europeos. ¿Y yo qué culpa tengo? No sé qué pasaría si jugáramos contra Francia. Ésta es la medida que tuvimos hasta hoy. Hay algo más trascendente que ganar: esta camada volvió a encontrar un sello, una manera de jugar con la que está cómoda y en la que siente química”.

Luis Scola lanzó en tierras riojanas una frase que hizo ruido: “Veo en esta camada cosas similares a lo que fue el inicio de la Generación Dorada”. Y Oveja, con su experiencia a cuestas, pone el freno no por el espíritu de la frase sino por la posible interpretación ajena. “Luis no está lejos de la realidad en lo que dijo. Acá hay cosas interesantes y se ve potencial -afirma-. El problema sería que alguien creyera que eso significa que estos chicos son posibles ganadores de un oro olímpico. Y la Generación Dorada tranquilamente podría no haberlo ganado. ¿Y si la palomita de Manu (Ginóbili) contra Serbia no hubiera entrado en Atenas 2004?”

Sigue su monólogo y amplía el concepto. “También podrían haber sido… no sé, la Generación de Platino si el triple de Chapu (Nocioni) contra España hubiera entrado en la semifinal del Mundial 2006. Se trataron de situaciones definidas por un tiro, ¿entendés? ¡Un tiro! -exclama-. Podemos enfrentarnos de igual a igual con potencias, podemos clasificarnos a un torneo difícil, queremos ir del Mundial de China a los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 y para eso hay que llegar, mínimo, a los cuartos de final. De esas similitudes se habla”.

El seleccionado argentino de básquetbol, de festejo por el pasaje al Mundial de China. Foto: Prensa CABB

El capitán del seleccionado también fue más allá cuando dijo: “Pensemos en clasificarnos a Tokio, pero…”. Hernández no se achica ante la propuesta de su líder dentro de la cancha. “Vamos a seguirlo en eso, porque cuando él sube la vara, lo hace sabiendo lo que podemos cumplir”, sentencia el entrenador.

Y apela a una anécdota de sus tiempos en Peñarol para explicar el porqué de las palabras de Scola: “Cuando salimos bicampeones, en los festejos Leo Gutiérrez agarró el micrófono y dijo: ‘Vamos por el tricampeonato así hacemos historia’. Y yo lo miré como diciendo: ‘¿Para qué decís eso? ¿Con qué necesidad?’ (risas) Y fuimos tricampeones. Esas cosas las ven estos tipos porque la tienen clara y ven las cosas antes”.

En 2019 se cumplirán 14 años desde que Hernández se hizo cargo de la Selección por primera vez. Pasaron muchos jugadores por sus manos y la brecha generacional con muchos de sus dirigidos se fue ampliando. “Pero yo lo celebro -asegura-. Convivir con chicos de 22, 25 e incluso 30 años te mantiene aggiornado. Yo los disfruto mucho y trato de no caer en el paternalismo, donde los viejos solemos caer solos. Prefiero focalizarme en la relación entrenador-jugador, salvo que una situación requiera de mi apoyo y experiencia humana”.

Y vuelve a destacar, como tantas veces se ha hecho, a los que pusieron bien en alto al básquetbol nacional. Uno de los que sigue hoy en pie. “Luis y los demás muchachos han sido muy importantes en esto. Yo te juro que a veces hablás con Fjellerup y parece que tuviera 30 años -enfatiza-. Son jóvenes que saben escuchar. Y eso pasa porque la Generación Dorada cambió la mentalidad de los chicos y hoy eso se hizo una bola de nieve. A nadie se le ocurre irse a comer a un McDonald’s. Estos pibes hoy saben que con ser buenos no alcanza, que hay hábitos y comportamientos tan importantes como el talento”.

Y ofrece una comparación que amplía el concepto: “Nosotros somos un equipo. Si algún jugador tiene un aspecto flojo, quizás el grupo pueda disimularlo. Pero ellos se comportan como si jugaran en un deporte individual, en el que sí o sí tenés que llegar a tu mejor versión”.

Sergio Hernández, en la Villa Olímpica de Río de Janeiro. Foto: Lorena Lucca

El orgullo de dirigir su tercer Mundial

Sergio Hernández alcanzará una cifra que envidiaría casi todo entrenador de básquetbol. En China dirigirá su tercer Mundial, luego de Japón 2006 y Turquía 2010, pero estuvo además en tres Juegos Olímpicos: Beijing 2008, donde ganó el bronce, Londres 2012 -fue asistente de Julio Lamas- y Río de Janeiro 2016.

Aunque se reconoce “súper feliz”, dice entre risas no pensar demasiado en lo que significará “Porque si lo hago, me pongo en un lugar de viejo en el que ya me he puesto y no quiero volver a ponerme -explica-. Hoy pienso: ‘¡Qué pelotudeces decía a los 45 años! Y no quiero, dentro de 10 años, decir: “Mirá qué pelotudo era a los 55, creyéndome viejo”. Entonces voy a ir a jugar el Mundial feliz de la vida, pero no de una manera especial porque pueda ser el último”.

-Bueno, eso lo acabas de sugerir vos…

-Es que me lo podría plantear, pero ya no pienso más nada. Cuando en 2005 me dijeron que agarraría la Selección, no creí que iba a vivir tantas cosas. Lo disfrutaré con lo que significa un Mundial, con la presión de representar a la camiseta argentina, porque es para ser disfrutado.

Entre Hernández, Lamas y Rubén Magnano están los únicos tres técnicos que tuvo la Selección en los últimos 21 años. De algún modo, lo que les sucedió a muchos grandes jugadores -ser tapados por los cracks que ganaron dos medallas olímpicas- les ocurrió también a los entrenadores. “Por eso yo no me olvido nunca de que soy un privilegiado -reconoce Oveja-. Acá podrían estar un montón de entrenadores que se prepararon, que tienen las condiciones y que se lo merecerían, pero no están porque no les llegó el momento. Pero yo los valoro igual y por eso le doy a este lugar un valor enorme, porque les debo honor y respeto a colegas que darían la vida por estar en este lugar”.

Pareciera, por momentos, que Hernández habla casi con culpa. “Sí, hay momentos en que la siento, eh -admite-. En los Juegos Olímpicos, por ejemplo. Hay tanta gente que ama el deporte… ¿Somos 6 mil millones en el mundo? A una Villa Olímpica van 18.000 personas. Debería ser una experiencia para mucha más gente. Por eso siempre que tengo alguna charla cuento alguna intimidad, porque esa experiencia es demasiado fuerte como para llevártela a la tumba. Son fiestas de guardar, como diría algún poeta”.

Fuente: Codocea, Mauricio. 3 de diciembre de 2018. Deportes. Clarín.
URL:
https://www.clarin.com/deportes/basquet/sergio-hernandez-razones-ilusionarse-cara-mundial-basquetbol_0_FapV9OwHD.html