El Entrenador quiere que el deporte llegue a las escuelas, que se ayude a los clubes, que haya más infraestructura y que el apoyo no dependa de resultados.

El deporte argentino de alto rendimiento es un milagro. Miles de sueños echan a volar desde pibes, se entrenan, se fogonean y chocan contra la falta de apoyo para el empujón inicial. Y aún sin infraestructura de elite en cantidad, con deportistas que trabajan para subsistir, a sabiendas de que sus cuerpos tienen una vida útil, se logran resultados memorables.

-¿Coincidís en que es un milagro, Sergio?

-Es un milagro. ¿En qué triunfamos? No nos engañemos. Como triunfamos en los deportes colectivos que nos gustan, creemos que somos exitosos a nivel deportivo mundial. No lo somos. Nos va bien en algunos deportes de conjunto que se juegan con la pelota: hockey, fútbol, hoy el básquet, Los Pumas, el vóley, el handball​… Son los que están contenidos en los clubes.

El deporte argentino de alto rendimiento es una faceta. El deporte social, escolar y de desarrollo de talentos es otra cosa. Es tierra necesariamente del Estado, que debe hacerse fuerte en la inclusión. Entonces Oveja va al grano: “En Argentina no hay política deportiva y por lo tanto no hay cultura deportiva. ¿Qué es el deporte en Argentina? ¿Cómo se lo considera? ¿Dónde está ubicado?»

-En los clubes.

-Sí, es uno de los países en el mundo en el que quedan clubes, con todo lo que eso significa. El Estado descansó siempre en los clubes y eso hace que tengamos un muy poquito porcentaje de la población joven haciendo deporte federado. Y en los clubes se juega a la pelota. Por eso no tenemos cantidad de atletas.