-Una Selección es un equipo deportivo. ¿No es demasiado que la pongan como ejemplo de lo que debe ser Argentina?

-A ver… En el Mundial ​representamos al básquetbol argentino, desde la escuelitas de Ushuaia y de La Quiaca. Si se quiere, representamos al deporte argentino y hasta al país. Hay quienes dicen que cuando te ponés la camiseta argentina, no tenés por qué representar a nadie, no tenés que ser ejemplo de nadie. Lo lamento, flaco. Estás representando a tu país y estás siendo ejemplo de un montón de cosas.

-¿Es una Selección la Patria?¿No es un poco fuerte cargarle ese peso?

-Y, vos llevás tu bandera en el pecho en ese momento. Tus actitudes, tu ética, tus valores tienen que estar a la altura. Te guste o no, lo sientas o no, es así. Se toca el Himno, ¿me entendés? Vos tenés la camiseta argentina. La final del Mundial fue el partido más visto en la historia del básquetbol español. Lo que representes en ese partido repercute en la sociedad de manera muy fuerte. ¿Por qué tienen que estar a la altura un político, un soldado y nosotros no? Durante esos 20 días, fuimos embajadores de la Argentina.

-Todos se trazan objetivos y pilares en los cuales sustentar lo que quieren. Pero después se habla más o menos de un equipo sólo por sus resultados.

Es ridículo. Podríamos haber perdido con Serbia en los cuartos de final y haber quedado octavos en el Mundial y no hubiésemos tenido esta repercusión. Pero nosotros seguiríamos siendo el mismo equipo, con los mismos valores, la misma ética, los mismos códigos y el mismo compromiso. Hablar después de un resultado deportivo bueno o malo y sin estudiar bien a fondo la cosa es relativo. El resultado siempre relativiza todo. Podemos dar fe de que siempre estuvimos más enfocados en tener un óptimo rendimiento que en el resultado y podemos hablar con la mano en el corazón del orgullo por lo que hicimos. Pero no por el resultado en sí.