– En el sentido más estricto vos sos un Entrenador. 
. Si vas a la realidad, estoy mucho más cercano a la parte Entrenador que a la parte dirigencial. Lo otro lo hago primero por necesidad. Y para poder hacer lo que yo quiero hacer. La vocación del dirigente es fenomenal. Gente que está buscando recursos, para generar recursos para que otros puedan desplegar sus ideas y siempre terminan siendo los malos de la película. Yo todo eso lo hago para generarme un ambiente propio y desplegar mis ideas. Mi lugar es la cancha.

-¿El Dow cuándo entró en tu cabeza?
. Siempre. De hecho cuando empecé con esto intenté alquilar una nave vacía donde podían entrar tres canchas. Fuimos con mi mujer, que con su socio es la que hizo el Dow Center. Hasta se hicieron los planos. Creo que armar eso tuvo que ver con mi etapa universitaria. Ese proceso invisible donde se hace posible que luego las cosas sucedan. Es más parecido a un facility de la NBA. Y a mí es lo que me gusta. Cada vez me cuesta más lo relacionado con la competencia. Cada vez me gusta más lo otro, la parte de atrás. Los momentos más lindos del año para mí son en la postemporada, donde el resultado no está interfiriendo. Para meterme más en el tema de los resultados, me iría a laburar a Europa o Estados Unidos. En el ámbito nuestro lo que me interesa es la mejora del jugador. Ganar y perder ya no me conmueve.

– El tema es que necesitás la competencia porque los chicos también quieren competir, ¿no?
. Claro, lógico. Tenés que jugar la competencia. Y necesitás ganar también, obvio, porque necesitás que fluya todo: ganás, viene gente a la cancha, le repagás de alguna manera al sponsor algo…es necesario. Dicho esto, lo que me encanta es lo otro. En 40 minutos por 50 partidos, o sea 2000 minutos, o se despliegan los hábitos o no. En los 2000 minutos se ven los hábitos. Y eso se genera antes. ¿Cuántas variables realmente tiene un Entrenador en la influencia del juego? Son pocos los que tienen la capacidad de cambiar algo de forma clara. Después ves el desplegar de lo que pasa antes. Nosotros ni siquiera damos charla técnica, porque el partido ya está jugado. La info la tienen los jugadores. Después es salir a desplegar los hábitos.

– Me dejás muchas preguntas. Sería injusto decir que subestimás la tarea del Entrenador en la cancha. 
. Es un rol. Necesitás un Entrenador en la cancha, y que tome buenas decisiones, pero el juego está o no está. Yo ví al Oveja en el Mundial y ahí tenés un Entrenador que puede estar sentado observando el juego, que se para para dar cinco pinceladas. ¿Eso que te dice? Que el trabajo ya está hecho. Si tenés que estar improvisando o gritando que defiendan, es que algo está mal.

– En la selección, que es el ejemplo que das, había una alta dosis de estudio del rival. A mí me da la sensación de que Bahía Basket va más por lo conceptual propio que por lo que haga el rival. 
. Claro, pero eso es circunstancial. Tiene que ver con el personal que tenés, con la competencia. Esa planificación la podés hacer en un torneo como un Mundial o en playoffs, donde jugás contra un rival un partido. Nosotros ahora estamos en el momento de que nuestros jugadores desarrollen su potencial individual. Para nosotros hoy el éxito es que el jugador empiece la temporada siendo un jugador y termine siendo otro. El proceso. Un proceso tiene una idea o un objetivo, desde donde parte, pero después entre la idea y la acción hay dos patas que son fundamentales: una es si es viable con las cosas que tengo, y si la respuesta es sí, cómo la implemento. Muchas veces se salta de la idea a la acción, sin pasar por la viabilidad, entonces muchas veces fracasa, porque te faltan las otras dos cosas. Y qué hacen, vuelven al principio y cambian la idea. Ahí es donde te digo que la idea es irrelevante. Lo que importa es lo otro, la viabilidad y cómo la llevás a cabo. Si conseguís patrones de juego es que hubo una viabilidad y hubo una implementación. Si tenés patrones, los equipos juegan, y no necesitás a un Entrenador gritando afuera. Eso lo tiene la NBA y por eso Prigioni se enamora de la NBA. Hay diferentes equipos exitosos de diferentes maneras. Eso es lo que tiene la selección argentina en China. Después tenés tipos fenomenales, como Guardiola, Popovich. Y está bien, son geniales, diferentes. Que hagan lo que quieran. Cuando San Antonio le ganó a Miami la segunda final que jugaron, esto me lo contí Manu, ellos habían entendido que para ganarles tenían que jugar a una velocidad de pase muy superior a la media. ¿Qué hicieron? Generaron estrategias para que eso fuera una realidad. Y después el juego fluyó. Pero no lo hicieron antes de jugar la final. Lo hicieron todo el año. Fue un proceso largo.

– Si lo resumimos en dos palabras es básquet conceptual. Que el jugador decida lo que tiene que hacer de acuerdo a lo que pasa en la cancha, sin estar pensando en un sistema rígido. Acá se juegan 70 partidos y los de Euroliga unos 80, ¿cómo hacés para entrenar eso siendo que una vez que arranca el torneo casi no te queda tiempo?
. Empezar mucho antes, por ejemplo. Invertir más en la postemporada y en la pretemporada. Entender que quizá la primera parte del año tiene que servir para seguir cimentando el proceso más que para ganar o perder. Y por ahí en enero empezás a darle más importancia a eso. Armar equipos más a largo plazo. Hacer ese esfuerzo. Buscar jugadores que quieran adaptarse a eso. Yo veo el juego en tres puntos claros. La cancha es un territorio geográfico, entonces cuanto mejor ocupes la geografía de la cancha, más espacio vas a tener. Numero dos: tener la capacidad de generar ventaja espacio-tiempo. El tiempo de recorrido que tiene la defensa para llegar al atacante. Cuanto más tiempo y más espacio generás en esa ventaja, mucho mejores van a ser tus jugadores. No es lo mismo el porcentaje de un tirador tirando con un defensor a un metro que tirando con el defensor a tres metros. Si sos exitoso en algo que no tiene un proceso, puede pasar, pero es algo que aparece y desaparece. En la selección, nosotros nos apoyamos en los que venían de antes y esta generación se apoyó en nosotros y los que venían de antes. Y la que venga se apoyará en esta, en la nuestra y en las anteriores. Es un proceso de 60 años.

-¿Es indestructible ese proceso en la selección?
. No, hay que cuidarlo muchísimo. Muy fácilmente podés dar muchos pasos para atrás, pero siempre tenés una historia a la que volver. En este caso, Luis lo llevó a otro nivel el proceso de los hábitos y estará en los Campazzo, los Laprovittola y el resto pasarle ese legado a la que venga cuando les toque el momento.