Rubén Magnano admite la exigente fórmula que no negociaba con las figuras argentinas y desmenuza por qué en 16 años no volvió a dirigir a la Selección. Cuenta qué metas tiene, a los 65 años, como nuevo director de selecciones en Uruguay y analiza la clave para que Argentina repita el éxito.

2003. Puerto Rico. Lobby del hotel donde concentran las delegaciones del Preolímpico clasificatorio para Atenas 2004.

Algunos de los jugadores de la Generación Dorada ya se reunieron en una habitación y están decididos a decirle a Rubén Magnano que no quieren ir al entrenamiento pautado para esa mañana. Entonces, mandan al jefe de equipo para que se lo informe al Entrenador.

-Los chicos dicen que están muertos del juego de anoche. Creen que es mejor descansar. Piden que suspendas el entrenamiento.

-Deciles que los espero en el micro. En cinco minutos la puerta se cierra y yo arranco con los que estén arriba.

Así, sin debates ni explicaciones, el Entrenador subcampeón del mundo contestó y enfiló hacia el colectivo que estaba por salir al Coliseo Roberto Clemente. Una anécdota que resume la hiperexigencia que tenía Magnano con aquel grupo de talentosos jugadores. Rubén sabía que la camada tenía mucho potencial y pensaba exprimirla al máximo. Hoy, 17 años después, el cordobés que guió al mejor equipo argentino de siempre recuerda la historia. “Tengo presente el momento, aunque no con la precisión tuya… Pero sí recuerdo que el problema fue por un entrenamiento de la mañana. No sé cuántos estaban molestos, pero yo tenía que pensar en el equipo. Para tomar decisiones, yo siempre me sentaba con mi cuerpo técnico entero, escuchaba y resolvía. Los entrenamientos matutinos siempre eran difíciles, pese a que no eran de parte física, pero si yo consideraba que eran útiles para el equipo, se hacían. Hay cosas que yo no negociaba”, explica Magnano. Aquel torneo no fue nada fácil. En todo sentido. Argentina venía de sorprender al mundo en Indianápolis y debía ratificar. Había presión por lograr uno de los dos pasajes (NdeR: uno, se descontaba, era para Estados Unidos con sus figuras de la NBA) y, además, el ambiente grupal no era el mejor luego de una gira por México que Magnano califica de inhumana. Sin embargo, el coach no cedió. Como era su estilo. “Lo que hubo fue un choque de conceptos y visiones. Pero el objetivo, conseguir el pasaje para los Juegos, se consiguió. Si bien perdimos con Venezuela y México, algo que tal vez no estaba en los planes, les ganamos a los candidatos y clasificamos”, recuerda en un extenso mano a mano con Infobae.