Si bien el artículo es sobre las categorías formativas en España, la problemática es casi idéntica a la de nuestra competencia.

Vale la pena leerlo en profundidad para anticipar soluciones. He aquí algunos párrafos:

Desde hace pocos meses se ha extendido en todas o casi todas las CCAA el acta digital. Los datos de resultado de partidos, minutos jugados y puntos encestados han pasado a tener un valor mucho mayor que anteriormente con el acta escrita tradicional. El valor de la inmediatez, el valor de la acumulación sin necesidad de compilaciones adicionales. El valor mercantil. Y las Federaciones Territoriales han decidido ejercer la acción de publicar estos datos mediante acuerdos con plataformas que ponen a disposición del público (progenitores, entrenadores, coordinadores) unas aplicaciones donde pueden seguir en directo los partidos o consultar distintos datos en el momento que quieras y lo que es más importante, dónde quieras.

No se trata de ponerle puertas al campo de lo digital, sino de establecer unas normas. Consideramos a los entrenadores como educadores ¿verdad? Estaríamos de acuerdo con que las calificaciones académicas de nuestros hijos en edades tempranas (o no tan tempranas) fueran publicadas en internet según se corrigen los exámenes, o mejor, mientras están siendo examinados, en tiempo real. Si, sé que es una comparación dura, pero admitimos que determinados clubes no dejen el acceso a los entrenamientos a los padres, para que los niños que juegan lo hagan con la más absoluta libertad del placer del juego y de la máxima atención a los estímulos que el mismo y su entrenador le proporciona. Igual que no se puede acceder a las aulas mientras se imparten clases o se desarrollan exámenes de final de trimestre.

Los seguidores de algunas ligas se dividen entre los que ven los partidos, ya sea en directo o a la mañana siguiente. Y los “boxscoristas”, que comprueban las estadísticas cuando se despiertan y ya tienen sus elementos de juicio. Sin ver los partidos. Que suceda dentro de una Liga Profesional, con jugadores mayores de edad, es parte de adaptarse a un consumo deportivo que pide esa inmediatez, esa opinión sin freno que se alimenta de pocas proteínas de conocimiento y de muchos carbohidratos de estadísticas. No hablo de las estadísticas avanzadas o del Big Data aplicado al deporte como apoyo de la visualización o análisis en cancha. No, hablo de la banalización y uso sesgado y emocional de la simple estadística.

Por eso este tipo de estadísticas son negativas para el deporte de formación, para el baloncesto de cantera. En una evolución física que nos lleva a la longevidad como nunca se vio en este campo, la respuesta federativa es incrementar el estrés en los más pequeños. Vemos pancartas pedagógicas en casi cada instalación deportiva encaminadas a controlar el comportamiento de los padres nerviosos pero tomamos la medida de facilitarles de una forma absoluta el acceso a datos que principalmente rompen la unidad del deporte de equipo. Como entrenadores nos esforzamos para que durante el partido, el viaje a la mesa de anotadores sea muy medido por parte de nuestras jugadoras, el resultado no debe ser lo importante si queremos montar unos cimientos muy sólidos.