En la presente jornada, fuimos gratamente sorprendidos por medios periodísticos con la información que nuestro jerarquizado colega, Julio César Lamas, ha sido convocado para dirigir la Selección Nacional de Japón.


Indudablemente es un hecho inédito, pero no sorprendente, ya que consideramos que la calidad de nuestros entrenadores hace mucho tiempo no está en dudas para el resto del mundo y trasciende muy rápidamente gracias a que el movimiento del mismo va de la mano con la velocidad de las comunicaciones actuales y de sus redes sociales.

Muchas veces creemos que nuestras tareas pasan desapercibidas para civilizaciones que están en las antípodas, pero no dimensionamos el impacto que ha producido y produce en la Tierra el efecto “globalización”.

Ya no somos personas que aisladamente podemos producir en función de nuestra tarea que desarrollamos en un punto del planeta, sino que somos entes visibles a la inquietud de todo el resto del mundo que hoy nos cobija y nos presiona para intentar alcanzar las nuevas metas que esta realidad propone en sí misma.

Es esta misma interrelación, la que se le presenta a Julio, una nueva motivación laboral. Y la tarea no es fácil, ni simple.

Debemos tener muy presente que para él, dirigir el equipo nacional japonés, no será su mayor desafío, porque para todos será nuestro representante deportivo y su desempeño compromete la mirada hacia el resto de los que estamos en relación al básquetbol y al deporte argentino en general. Julio es un embajador de nuestro compromiso con el deporte y la capacidad de los entrenadores argentinos, sin distinción de disciplina.

Festejamos que el básquetbol nos esté llevando al país del Sol naciente a través de condiciones que Julio ha sabido desarrollar en todos sus años como entrenador de básquetbol y como representante argentino.

Le deseamos fervientemente que con su impulso sea la puerta de ingreso para muchos de los nuestros en el futuro.