Una reliquia del básquet aún vigente

La cancha del Y.M.C.A., donde el básquet llegó a Europa, tiene columnas de fierro y el piso flojo. (Pete Kiehart para The New York Times)

PARÍS — La cancha de básquet se ha deformado con los años. El piso está levantado y en algunos tramos hay huecos. Las tablillas de madera tiemblan bajo los pies. Dos columnas de hierro se elevan en el centro de la cancha.

La cancha de básquet no está en condiciones para jugar. Pero Sylvie Manac’h —la nueva directora del Y.M.C.A. en París, donde se encuentra la cancha— parecía desconcertada cuando un visitante reciente preguntó si Manac’h alguna vez deseó poder arrancar el piso e instalar un reemplazo. “No”, dijo ella. “Quiero éste”.

La cancha es un objeto de inmenso orgullo para el Y.M.C.A. en Francia y de importancia histórica para el juego. La organización afirma que es la más antigua del mundo, en funcionamiento continuo desde que el edificio se inauguró en 1893, menos de dos años después de que James Naismith inventara el juego en un Y.M.C.A. de Springfield, Ma­ssachusetts.

De hecho, el gimnasio —en un sótano húmedo, bajo una destartalada pista de carreras de madera— parece una exposición de museo. Manac’h y la organización se encuentran ahora sorteando un delicado sendero entre la preservación y la utilidad.

De todas formas, a la cancha le vendría bien una renovación. “Mi sueño es encontrar el dinero para verla como estaba antes”, dijo Manac’h.

Una placa conmemora el primer partido de básquet en Europa. (Pete Kiehart para The New York Times)

El origen del básquet es perfectamente rastreable. El primer partido se jugó el 21 de diciembre de 1891, cuando Naismith, un instructor canadiense de educación física, ideó una nueva actividad para ocupar a sus inquietos estudiantes.

El concurso, que tuvo lugar en un gimnasio casi idéntico al de París, involucró a 18 personas, dos canastas para duraznos y una pelota de fútbol.

En cuestión de años, los miembros del Y.M.C.A. habían llevado las reglas del juego hasta China, de acuerdo con Matt Zeysing, un historiador y curador del Salón de la Fama del Básquet. “Fue una de las grandes exportaciones de Estados Unidos”, dijo Zeysing.

El Y.M.C.A. en París fue el primer lugar de aterrizaje del juego en Europa —una rebanada de la vida estadounidense trasplantada a Francia.

Pierre Pfister, de 21 años, dijo que él y los demás residentes del edificio iban a la cancha de básquet de vez en cuando para juegos informales. “Me encantan los dos postes; es muy divertido”, dijo. “Pero a veces cuando corres es difícil porque saltan los trozos de madera”.

Para quienes lo utilizan con regularidad —como los grupos de artes marciales y danza— la lenta destrucción de la cancha se ha convertido en un problema. “Es un espacio muy especial y es triste ver cómo se está deteriorando”, dijo Julie Guillorit, quien ayuda a dirigir un club de autodefensa que usa el gimnasio. “Llevamos años con la esperanza de que pueda ser reparado. Pero es una cuestión de dinero”.

El asunto sigue sin resolverse. Manac’h dijo que su organización había considerado algún tipo de evento de recaudación de fondos.

Ellos hablan de invitar a los Harlem Globetrotters para ayudar a publicitar sus necesidades. El proyecto, dijo, costaría unos 80 mil euros o unos 86 mil dólares.

Para muchos, esa sería una suma provechosa que ayudaría a preservar lo que Daniel Champsaur, un archivista de la Federación Francesa de Básquet, denominó una “joya subestimada de la herencia del básquet”.

Por Andrew Keh

(Paméla Rougerie contribuyó con reportes a este artículo).

Fuente: Keh, Andrew. 8 de julio de 2017. “Una reliquia del básquet aún vigente”.  Estilos. The New York Times International Weekly.
URL: https://nyt.audiencemedia.com/clarin/story/content/view/full/66670