El de San Antonio Spurs no se cansa de foguear Entrenadores. Budenholzer, Brown, Kerr y Messina estuvieron bajos sus alas.

Paulo Freire fue uno de los pedagogos más destacados del siglo XX, quien propuso una nueva manera de enseñar a los jóvenes y pensó a la educación como una práctica de la libertad. En uno de sus libros más célebres, llamado “La pedagogía del oprimido”, el brasileño propone una radicalización en la cual los oprimidos van desvelando el mundo de la opresión y se van comprometiendo, en la praxis, con su transformación y, una vez transformada dicha realidad, esta pedagogía deja de ser del oprimido y pasa a ser de los hombres en proceso de permanente liberación. 

Un siglo después, el Entrenador de San Antonio Spurs, Gregg Popovich, retomaría esos preceptos casi sin darse cuenta. Facilitando la comunicación con sus jugadores, permitiéndoles tomar decisiones por sí mismos y logrando que éstos formulen preguntas en vez de obligarles a memorizar respuestas, el nacido en Indiana creó una dinastía que va más allá de las victorias y los anillos. 

Lo que Popovich consiguió está fuera de cualquier valoración material, lejano de aquellos cinco campeonatos que consiguió con San Antonio en la última década. Es algo intangible, pero que se puede enseñar. Con sus mandamientos de comportamiento dentro y fuera de la cancha, el Entrenador texano educó siempre con la práctica y formó personas, no jugadores. Sujetos capaces de desenvolverse con sabiduría dentro y fuera de la cancha. 

Su relevancia como formador es tal que hasta el día de hoy distintos Entrenadores tuvieron éxitos por sí mismos y supieron alcanzar su liberación independentista tras haber estado bajo las órdenes de Popovich, quien tutela a todos bajo el ala de su sombrero, tal y como pregonaba Paulo Freire en la pedagogía del oprimido. 

Steve Kerr en Golden State Warriors, Mike Budenholzer en Milwaukee Bucks, Brett Brown en Philadelphia Sixers, Ettore Messina antes a su lado y ahora en Olimpia Milano y Becky Hammon como su asistente actual son algunos de los mejores ejemplos de la ventaja que supone tener a Greg en el banco para luego crecer y desarrollarse por sí mismos luego de haber aprendido del mejor. A su vez, Tim Duncan está dando sus primeros pasos y Pop fue el que lo comenzó a foguear al nombrarlo asistente de técnica individual.  

Como Paulo Freire un siglo atrás, Gregg presentó un modelo innovador que rompió con todos los esquemas conocidos por el deporte de la naranja. Su filosofía y sus reglas para manejarse en todos los ámbitos de la vida perdurarán en aquellos que tuvieron la suerte de estar junto a él. Su conocimiento genera pensamientos críticos, consciencia acerca del mundo que los rodea y una forma de enseñanza que obliga a transformarse. 

El entrenador del equipo texano demostró que la relación entre dirigente y dirigido va más allá de la pizarra, que es necesario acompañarlos en todo el proceso y permitirles desarrollar una pedagogía de la pregunta para resolver problemas no sólo dentro del rectángulo de juego, sino en la vida real. Sus campeonatos, anillos, premios como Entrenador del año y reconocimientos quedan relegados en el inconsciente sideral. Son secundarios y restan importancia a su herencia principal. 

El verdadero legado que lo acompañará siempre será la calidad con la que enseñó a sus jugadores, el instinto paternal para educarlos y mostrarles que hay otra realidad afuera de las canchas, otra manera de hacer las cosas más allá del éxito pasajero y la ostentación propias de la NBA. Porque, al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y transformarla, aunque sea un poco, es la única manera de probar que todo es cuestionable. Porque, en definitiva, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.