Productividad. Ese es el concepto que ha redefinido la forma de medir el valor de un jugador en cuanto a sus tiros. La evolución meteórica del uso del triple ha hecho envejecer a los porcentajes tradicionales, que no contemplan la relación entre lanzamientos y puntos otorgados ni la diferencia entre tiros sin marcaje y contestados. Existen, en la actualidad, diferentes mediciones que permiten determinar el rendimiento real de un tirador. Una explicación de cada estadística de este rubro a través de sus principales exponentes.

El porcentaje de tiro efectivo (eFG%) considera las variables obvias para determinar la solvencia de un anotador. Un triple otorga un punto más que un doble, por lo que su valor es mayor cuando se habla de productividad. Es lógico que aquellos que basan su juego en tiros cercanos al aro ostenten un porcentaje de acierto mayor y así lo muestra el FG% tradicional. Basándose en esa estadística, podríamos aseverar que Giannis Antetokounmpo (57.8%) ha sido mucho más efectivo que Stephen Curry (47.2%) durante la temporada pasada. Sin embargo, al profundizar, encontraremos que el griego anotó sólo 156 de sus 1994 puntos a través del triple, mientras que el de los Warriors sumó más de la mitad de sus canastas (1064 puntos de 1881) desde esta vía. Curry encestó casi cien tiros menos que Antetokounmpo y alcanzó una cifra de anotación similar, por lo que su eFG% es levemente superior.

Algo similar sucede con el tiro verdadero (TS%), estadística que le asigna un valor específico al triple, al doble y a los tiros libres. Si se observa la lista histórica de jugadores con mayor FG%, está claro que ese apartado ha sido el reino de los internos. Eso se debe a sus cartas de tiro, las cuales se componen casi exclusivamente de lanzamientos en la pintura. Si juntamos las carreras de DeAndre Jordan, Tyson Chandler, Dwight Howard y Shaquille O’Neal (encabezan la tabla) alcanzarán para sumar un total de ocho triples. Curry, quien ni siquiera aparece entre los 250 mejores, ha anotado 2483. Pero, al utilizar los parámetros del TS%, el panorama cambia totalmente. Tanto, que el dos veces MVP se ubica en la cuarta posición y SHAQ baja hasta el puesto 43. Detrás de estos fenómenos se esconde la clave de estas mediciones: para dimensionar la eficiencia real de un tirador, hay que tener en cuenta la dificultad de los lanzamientos que toma (distancia y contexto) y el volumen de los mismos.

La segmentación es aún más específica. No sólo se han establecido mediciones más concretas en el acierto, sino que también se han diferenciado las distintas situaciones de tiro. Así se puede saber que, en la campaña 2018/19, los tiros de campo intentados desde el catch&shoot (disparo en suspensión sin utilizar el drible a una distancia del aro mayor a los tres metros) fueron liderados por Klay Thompson. También que Trae Young fue el novato que más penetraciones o Drives (exceptuando contraataques, acciones en las que un jugador recibe la pelota a seis metros o más del aro y traslada hasta llegar a tres metros o menos del mismo) promedió. O que, entre los jugadores con más minutos disputados, Kevin Durant fue el que mejor porcentaje de acierto en Pull-ups (tiros en suspensión a más de tres metros del aro con un drible como acción previa) ha conseguido.

Esta corriente informativa, tan detallada y enfocada en las especialidades, les brinda a las franquicias la posibilidad de escoger jugadores con cualidades y tendencias propensas a adaptarse a su sistema. Sería un grave error apartar la mirada y prescindir de los contextos: un jugador responde de determinada manera no sólo por sus condiciones, sino también por el ambiente que lo rodea. Sin embargo, tampoco es inteligente desechar la chance de refinar la búsqueda de especialistas en los distintos aspectos del juego. Una oportunidad que brindan, por ejemplo, estadísticas como el volúmen de triples y la tasa de tiros libres.

Desde hace más de una década, la NBA está inmersa en una revolución en la que la eficiencia es vital en la toma de decisiones. Equipos como Houston Rockets han eliminado casi por completo los tiros de media distancia -poca productividad para el riesgo que presentan- para enfocarse en triples, lanzamientos muy cercanos al aro y tiros libres. La franquicia, con Daryl Morey y Mike D’Antoni a la cabeza, ha encontrado en James Harden al prototipo perfecto para este método: durante la temporada anterior, el 3Par del MVP ha sido del 53%. ¿Qué quiere decir eso? Que más de la mitad de los tiros de campo intentados por Harden han sido desde el perímetro. Y su relación con este modelo no se limita solamente a los triples. En esta campaña, su proporción de tiros libres (FT Rate) ha sido del 45%. Este porcentaje indica la cantidad de veces que The Beard ha visitado la línea de libres en relación a sus lanzamientos de campo intentados. Productividad (el tiro de mayor puntuación) y eficiencia (tiros libres y lanzamientos cercanos al aro siguen siendo los más seguros) como banderas.

Este oleaje revolucionario ha enaltecido los atributos de un grupo de jugadores que, años atrás, no estaba entre las consideraciones. Así es que los ya famosos 3&D, capaces de castigar desde el triple y marcar múltiples posiciones en defensa, son vitales para la conformación de cualquier plantilla. Las franquicias con un espacio en su plantel enfocan su atención en aquellos que cumplen ese tipo de funciones y utilizan el volumen de triples como filtro. Dos de los más conocidos -y codiciados- son P.J. Tucker y Danny Green. No es casual que el 3Par de ambos haya ocupado un lugar entre los diez más altos de la 2018/19