El Entrenador de San Martín analizó el presente del equipo, lo que les espera y la importancia de las estadísticas, entre otras cosas.

Pragmático, analítico, explicativo y detallista, Diego Vadell es un personaje interesante que respira básquet en cada palabra. Por claridad de conceptos, ideas y resolución de problemas, el entrenador de San Martín parece tener todo resuelto en su primer año como técnico en la Liga Nacional. Sin embargo, a medida que pasa la charla se derrumba esa percepción y se muestra como un alumno más, abierto a aprender en cada entrenamiento y en cada partido.

Ávido estudioso de las estadísticas avanzadas, no se declara un fundamentalista de ellas, sino que prioriza la observación del jugador y sus equipos para luego volcar los guarismos y utlizarlos a su favor. Es carismático, didáctico y pedagógico al nivel que podría dar clases de básquet en una escuela. Entre mates y risas en el vestuario del Fortín Rojinegro, el nuevo entrenador del conjunto correntino hace fácil lo difícil y es un convencido de que el técnico debe hacerse entender y que el mensaje tiene que llegar a todas las partes.

-¿Qué es ser un entrenador talentoso?

. El talento del entrenador pasa por la capacidad de convencer al resto y por la flexibilidad en el pensamiento. Me opongo siempre a la rigidez, porque te limita. La capacidad de convencer no es estar convencido de una filosofía, sino que vos estés convencido en ese momento y de esa situación para poder transmitirlo. Hay gente que tiene un talento para eso, pero yo considero que todavía tengo que trabajar mucho para lograr eso, al menos a partir de esta primera experiencia. He visto situaciones claras en las que llega el mensaje porque no te pudiste meter en la cabeza del otro. En los deportes en conjunto vos necesitás convencer, porque podés convencer a uno, pero finalmente hay que conseguir llegar al todo para establecer esa idea.

-¿Cuál es la diferencia entre ser un asistente y un entrenador?

. Entrenadores somos todos y todos tenemos los mismos conocimientos, pero la función que tiene el asistente es que no importa lo que vos creas, sino que tenés que ayudar y aportar a la idea del entrenador. Todas las opiniones y sugerencias que ofrecés tienen que ser en base a la idea del entrenador. El asistente tiene que ayudar a llevar a cabo lo que quiere el entrenador.

-¿Es una ventaja haber sido primero asistente y luego entrenador?

. Me llevo muy bien con mis asistentes. Creé una metodología de trabajo con repartición de tareas específicas y comunes. Tengo un ejercicio para tomar decisiones, que lo aplicaba como asistente y todavía lo sigo haciendo: siempre pregunto qué opinan los asistentes. No me gusta encerrarme en mí mismo, eso es algo peligroso. Porque a veces una palabra o un pensamiento de un asistente, un colaborador o un jugador te puede ayudar muchísimo. Traté de repartir las tareas para que no haya superposición y para que todos hagamos un poco de todo entre los tres.

-En el básquet moderno se están usando mucho las estadísticas avanzadas, ¿cómo las aplicás vos?

. Creo que hay una línea que a mí me gusta cortar. Yo primero necesito mucha observación y después mirar las estadísticas avanzadas, ya que a veces se acercan a la realidad y otras tantas te confunden. Las utilizo para mejorar los entrenamientos y la idea del equipo, también para ver dónde estamos bien y en qué momentos estamos mal. Aparte tenemos estadísticas como el partido a partido, la sumatoria de enfrentamientos y otras cosas. Las estadísticas avanzadas son muy importantes para la observación, también llevamos estadísticas de todos los entrenamientos. La idea es que la eficiencia es lo que comanda. Miramos las estadísticas para evaluar un jugador o un equipo. Evaluarse no está mal y a partir de eso hay una retroalimentación.