Por Xavier Prieto Astigarraga  |  canchallena.com

Cuatro de los 10 DT que dirigen en el FIBA Américas son de nuestro país; el prestigio ganado por la Generación Dorada los puso en la mira y ellos, con su pasión y ambición, son codiciados

09.09.2015 | 00:38

MÉXICO.- Cuando empezaba a dedicarse a esto de dirigir equipos de básquetbol, un día Rubén Magnano viajó a Buenos Aires, al club Pinocho, para capacitarse. Entrenaba a niños en una escuelita, nomás. Pero él quería mejorar. Y en el regreso en ómnibus a Córdoba se llevó en una bolsa unas 20 pelotas de minibásquet para que los chicos pudieran jugar más. Fue hace varias décadas, sin las facilidades de acceder a mercadería e información que hay hoy. Muchos años después, Magnano se convertiría en campeón olímpico como director técnico.

El caso de vocación y ambición de perfeccionamiento de Rubén es el más extremo de una corriente de entrenadores argentinos que gana lugar en el básquetbol internacional. En este campeonato FIBA Américas, cuatro de los diez seleccionadores nacionales son argentinos: Sergio Hernández , Magnano (Brasil), Néstor Che García (Venezuela) y Adrián Capelli (Uruguay). El mismo 40% se dio dos años antes, en Caracas, con Magnano y García más Julio Lamas (Argentina) y Ariel Rearte (Paraguay). Como en el fútbol, deporte en el cual seis de los 12 entrenadores que disputaron la Copa América en Chile este año eran argentinos, en el básquetbol se está valorando y buscando a los directores técnicos albicelestes, al menos en el ámbito sudamericano.

Tanto en Venezuela hace dos años como ahora en México, otros tres entrenadores son españoles y estadounidenses. Es decir, el 70% de los diez DT de 2013 y 2015 son oriundos de las tres naciones que desde hace muchos años encabezan el ránking mundial de básquetbol. Está claro: los resultados de los equipos de sus países atraen las miradas hacia ellos. Pero luego ellos deben responder por sí mismos.

“Me enorgullece que en muchos países donde el básquetbol es un deporte muy importante se fijen en entrenadores argentinos. Creo que los últimos 15 años de la Argentina han hecho que Latinoamérica tuviera una mirada muy especial a nuestro país en nuestro deporte, sobre todo porque la famosa Generación Dorada, además de tener a Ginóbili y Scola, entre otros, jugaba muy bien de manera colectiva e impresionó por su ciencia del juego. Creerán esos países que el entrenador tiene mucho que ver”, se explica el olavarriense Hernández, por segunda vez al frente del conjunto albiceleste.

Para el bahiense García, que fue asistente del entrenador principal en la Argentina y desde 2013 conduce a Venezuela, el origen de este interés viene de más atrás y es más amplio. Así lo ve: “Tiene que ver con todos los entrenadores argentinos que han hecho muchísimas cosas por nosotros. León [Najnudel], Luis Martínez, Seguí, Mario Guzmán, Gornatti… Esa camada. Crearon un ente para que nos regulara y nos protegiera, han hecho clínicas, han categorizado, han traído extranjeros para que aprendiéramos. A partir de eso, existe esta pirámide de técnicos basada en los de divisiones menores, que son los mejores en América. La Argentina ha formado una escuela que terminó de consagrarse cuando los campeones olímpicos mostraron el básquet que se había trabajado durante tantos años. Y a eso hay que sumar la Liga Nacional, una liga fuerte, de mucho scouting [estudio previo al rival], que no es fácil para los jugadores extranjeros. Y en las ligas Sudamericana y de las Américas, los argentinos siempre están prendidos. Por todo eso, desde afuera miran a los argentinos, y se crea una moda de entrenadores argentinos en el exterior”.

Aunque cada uno con sus características, se puede hablar de una idiosincrasia del DT albiceleste de básquetbol. Sabe una federación qué va a encontrar cuando averigua por uno de ellos. “El argentino está muy bien conceptuado, porque se prepara mucho, invierte mucho en su profesión, se capacita. Tiene una estirpe a veces quijotesca, en el sentido de luchar contra los impedimentos. Es muy pasional, y la pasión, en todo lo que uno haga, es determinante. Si uno no es apasionado por lo que hace, no va a tener mucho camino por recorrer”, considera Magnano. Coincide el juninense Capelli: “El técnico argentino nunca se entrega, quiere más, siempre está buscando información para superarse día tras día. Es muy responsable, de muchísimo trabajo. Y hay una cantidad importante de ellos que son de altísimo nivel”.

Pero además de la capacidad de trabajo y las ansias de progresar, existe también un estilo. Como lo detalla Julio Lamas, que dos veces condujo al seleccionado celeste y blanco: “Muy inquieto y muy competitivo, el entrenador argentino se forma con la NBA, el básquet universitario y lo más destacado de Europa, pero se parece sólo al europeo en el sistema de trabajo en cuanto a normas disciplinarias, entrenamientos y actividades de equipo, y en el esquema de juego en cuanto a estilo defensivo, el respeto a la posesión del balón y a la selección de tiros. Tácticamente es muy parecido”.

Hernández, Magnano y Lamas han estado en Europa prestigiando al perfil de DT argentino y eso es una esperanza para los de trayectoria más breve, como Rearte. “Para nosotros, los más jóvenes, es el próximo paso: que ellos abran camino en Europa para que a futuro haya otro mercado para los entrenadores argentinos. Los que estamos trabajando afuera debemos ser agradecidos a lo que ellos han hecho. Claro que al mismo tiempo para mí es un sueño dirigir algún día al seleccionado argentino”, sostiene el chaqueño de 39 años.

La Generación Dorada y sus lauros los pusieron en la vitrina a los entrenadores argentinos. Ellos exhiben vocación, trabajo, pasión, ambición, capacidad, disciplina. Ya conquistaron América del Sur, con un estilo comprobadamente exitoso. Ahora, a la escuela argentina de dirección técnica en básquetbol, siempre aspiracional a más, le resta proliferar por el mundo.

Fuente: canchallena.com