Parece obvio que ser Entrenador de un equipo es preparar los entrenamientos y dirigir los partidos. Pero es evidente que ser un buen Entrenador de baloncesto es mucho más, ya sea en categorías de formación o en profesionales, da lo mismo. Cuando yo estudié para los cursos de Entrenador había una definición que todavía recuerdo:

   «La principal responsabilidad de un Entrenador es la formación y dirección de un grupo de jugadores (EQUIPO), mediante el entrenamiento y la competición (PARTIDOS)».
Para una pequeña toma de contacto puede ser una buena definición, pero pasados los años, me parece un poco pobre. Ser Entrenador es y debe ser mucho más. Por ejemplo:
  • Un Entrenador debe saber controlar y dirigir a sus jugadores (dentro y fuera de la pista).
  • Debe transmitirles sus conocimientos: los deportivos (por supuesto) pero también los tan manidos «valores» y otros aspectos relacionados con el comportamiento, la higiene o, incluso, la alimentación (me ha costado muchos años entender la cantidad de lesiones que pueden venir por una deficiente higiene bucal o por una mala alimentación).
   Y podríamos decir muchas más cosas, pero vamos a centrarnos durante unos cuantos artículos en lo que parece más obvio. La complicidad entre el Entrenador y sus jugadores, lo que algunos llaman química, surgirá en función del desarrollo de las sesiones de entrenamientos, charlas y partidos, e incidirá definitivamente en la mejora deportiva y/o personal, tanto individual como colectiva.

Aquí quiero establecer una pequeña-gran raya, una línea que muchos Entrenadores jóvenes hemos cometido el error de no trazar y no respetar y nos ha traído problemas en el futuro: el Entrenador es el Entrenador y los jugadores son jugadores, es decir, el Entrenador manda, lidera y comanda el grupo y los jugadores deben seguirte. Hay diferentes formas de ejercer este liderazgo: mediante gritos constantes (al final acaban perdiendo eficacia), o mediante un ambiente demasiado permisivo (los roles se confunden y al final no se sabe quién es el que manda). Tan mala es una situación como la otra. Hay que tratar de buscar un punto intermedio.

   El Entrenador debe ser el líder y los jugadores deben seguirle y para ello debes convencerles de que lo que están haciendo durante la semana les hará mejores. Los castigos continuos pueden funcionar durante un tiempo pero, al igual que los gritos, perderán su eficacia con el tiempo. Un ambiente demasiado distendido puede crear una falta de exigencia que repercutirá negativamente en la progresión deportiva y personal de los chicos.

El Entrenador debe dirigir el equipo y para ello vamos a hablar de tres puntos esenciales:
  1. La dirección del grupo durante la semana (esta es la parte más importante en edades de formación).
  2. La dirección del grupo en la competición, es decir, en los partidos.
  3. La interpretación, el análisis y desarrollo de los resultados, estadísticas, clasificaciones…