El “Pelao”, cuya carrera comenzó hace 57 años, nos cuenta su vida y experiencia como DT de básquetbol, días después de que la Federación Tucumana lo haya premiado por ser el Entrenador ENEBA de mayor edad dirigiendo.

Cuando se prepara para la nota y empieza a llenar su cabeza de recuerdos para responder cada una de las preguntas que le vamos haciendo, lo imagino tarareando una canción: “estoy mirando atrás y puedo ver mi vida entera y sé que estoy en paz, pues la viví a mi manera”. Porque así se lo ve, en paz.

Una máquina del tiempo sin lugar a dudas lo depositaría en lugares de la historia donde hubiera un rectángulo de juego con dos cristales. Es que para Antonio Millán (82) el mundo es una pelota de básquet. En las páginas de gloria del deporte tucumano, el nombre de Antonio Román Millán figura con letras destacadas. Con una enorme trayectoria, se ganó el reconocimiento de propios y extraños del basquetbol, no sólo por los éxitos que cosechó como entrenador, sino por su personalidad leal, de tipo de barrio.

Para conocerlo a fondo, abordamos al “Experimentado Maestro” que nos dejó sus vivencias y pensamientos.

Lo que pocos saben, es que Millán, nacido el 18 de octubre de 1936 en su Villa Alem querido, nunca jugó oficialmente al básquet. ­“Lo que pasó fue que desde chico me gustó ser técnico. Por eso, concurría a Juan Bautista Alberdi a observar los partidos de divisiones inferiores donde inicié la actividad en 1961 con los infantiles del club”, evocó don Antonio. Quería ser profesor de educación física, pero no pude seguir y se me cruzó la dirección técnica, porque es, fue y será mi deporte preferido, mi gran pasión, sin ella no podría haber hecho nada.

Debut con gloria

Millán recordó que en 1965, en su debut en la primera, consiguió el título con la JBA: “fue como tocar el cielo con las manos, poder dirigir a jugadores con mucha categoría en la época fue un lujo cuando tenía 29 años. Conseguí luego cuatro títulos. Lo más importante a lo largo de los años, fue el crecimiento de los jóvenes que ofrecían todo su esfuerzo y pudieron sobresalir no sólo en la región, sino en el básquet nacional, ya que en 1967 logramos clasificarnos Campeones Argentinos de Clubes en Catamarca”; y acotó: “no es vanidad, pero creo que algunos nacemos con un don con el que se nos hace fácil ingresar en algunos circuitos y gozar de la confianza de la gente”. Los dones a los que se refiere fueron su carisma, intuición y particularísima —o tucumanísima— manera de explicar conceptos en las prácticas y desde el banco.

Cuando se le pregunta sobre el mejor momento que vivió en este deporte, no dudó: “el ascenso que logramos con Caja Popular a la Liga Nacional es lo mejor que viví. La llegada a la élite nacional fue la coronación de un trabajo que comenzó con el título asociativo, las victorias en el Regional C, la Liga B y de ahí llegar a la división mayor. Llevar a Tucumán a la élite del básquet argentino fue memorable, me sentía orgulloso de ser tucumano.  Este ambicioso proyecto fue algo que mereció prolongarse en el tiempo, pero el tema financiero y equivocaciones internas lo frustraron”.

Otra alegría inolvidable

“También me gustaría consignar el título juvenil argentino en Santa Fe que logramos en 1975. Para mí ese equipo fue la “Generación Dorada” de Tucumán: Jorge Roqué, Carlos Romano, Juan José Acotto, Héctor Zeballos, Augusto “Suri” Martín, Enrique “Tatata” Muruaga, Eduardo Gamboa, Alberto Hitos, Ricardo Obeid, Alfredo “Pichón” Rodríguez, Juan Krupoviesa y Manuel Agüero”, remarca convencido de vivido. Con relación a las mayores amarguras, figura el partido en el Argentino de Mayores de 1972 que se jugó en Buenos Aires: “una noche, por cuartos de final, enfrentamos a Corrientes. Ganábamos durante todo el encuentro. En los últimos minutos ingresó el joven Lavaca, que metió todo lo que lanzó y nos eliminaron de las semifinales. Aún hoy me acuerdo y me dura la bronca”, señaló.

Liga Nacional

Los años de don Antonio en la actividad posibilitan discurrir sobre los cambios producidos en el básquet argentino: “La Liga fue un gran acierto. Uno de sus mentores, León Najnudel, decía que todos iban a querer jugar, pero pocos iban a poder hacerlo. Que se iba a montar una estructura mayúscula… y así fue”.  Recuerda una devoción especial por León: “fue un entrañable amigo, un hermano. Con él compartí muchas horas de café cuando pensaba como podía llevar adelante la creación de su joyita: la Liga Nacional de Basquetbol. Imaginaba a la Liga cómo la única solución para el crecimiento de nuestro deporte”; y destacó: “León no sólo fue gran persona y entrenador, sino un hombre que dedicó su vida al básquetbol y a los entrenadores, concurría a los Campeonatos Argentinos y nos juntaba a todos. Realmente se adelantó a su tiempo y, gracias a él, hoy podemos comprobar muchos cambios positivos. También recuerdo a Yoyo Caballero y a Orlando Butta, otros de los mentores de la Liga.

Los entrenadores

Respecto a los colegas, indicó: “de mi época recuerdo a León Najnudel, Mario Guzmán, Horacio Seguí, Luis Rizzi, el Negro Sola, Alberto Finguer, Antonio Manno, Elmer Fessia, Luis Martínez, Roberto Germanetto, José “Paquito” Barrientos, Alfredo “el Amo” Tulli, estoy olvidándome de varios”; mientras saca nombres del recuerdos y acota respecto a los actuales: “la evolución llegó con la información y las posibilidades de ampliar conocimientos con el avance de la tecnología; antes era todo en la mesa de un bar. Los entrenadores actuales son muy buenos, pero sin que se enoje nadie, la diferencia con aquellos es que los de antes eran verdaderos maestros. León nos entregó información, nos motivó y hasta diría nos hizo fanáticos. Fuimos los primeros promotores de la nueva excelente competencia. Los jugadores se incorporaron a los esfuerzos requeridos por el nuevo compromiso”.

Según Antonio Millán, los importantes y necesarios, en el proceso de crecimiento del básquet argentino son los entrenadores. A partir de su tarea, se fortalecen los clubes, para hacer crecer la competencia asociativa y federativa, que es la base donde nacen los grandes jugadores. “La CABB debe armar los calendarios para que el Campeonato Argentino tenga la importancia de antes y participen los jugadores destacados de cada provincia”. Luego indicó: “los entrenadores debemos amar el deporte y siempre hacer más. Debemos acostumbrarnos a la necesidad, porque nos hace pensar y crear y, trabajando por ello, nos aumenta a cada segundo la pasión que sentimos por el básquet”.

Cree que es muy positivo que los entrenadores se agrupen y organicen “siempre que haya un bien común” y reconoce la existencia de diferencias, pero recomienda “que las ideas distintas no nos separen, sino que nos ayuden a crecer, que nos unan, porque no conozco otra forma que la unión. Si todos queremos lo mismo, sin excepción desde el del club más grande hasta el entrenador del club más pequeño, porque esta fortaleza repercutirá en bien del básquet argentino. Si yo tuviera que luchar hoy, pelearía por una jubilación y que todos estemos protegidos. Seguro no voy a disfrutar de estas conquistas, pero sueño que en el futuro la puedan tener ya que se trata de la integridad y la dignidad del entrenador.

El Oro Olímpico, la Generación Dorada

A medida que transcurría la conversación, el histórico entrenador no dejaba de dar su opinión respecto a diferentes temas relacionados con nuestro querido deporte. Como no podía ser de otra manera, llegamos a los torneos internacionales, el Oro Olímpico y los representantes argentinos en la NBA.

Al respecto, puntualizó: “Guillermo Vechio fue el creador de la Generación Dorada. Su tarea con los juveniles fue excelente. Luego, otros entrenadores continuaron la ruta que él señaló y se pudo lograr el crecimiento de esos muchachos con la llegada de otros entrenadores como Rubén Magnano a la cabeza, Julio Lamas, Enrique Tolcachier, Fernando Duró, Sergio Hernández. La llegada de títulos, por supuesto, se coronó con el Oro Olímpico en Atenas 2004”.

Añadió: “no sólo se trataron de conquistas y títulos internacionales, sino la posibilidad de que observaran a nuestros muchachos en diferentes lugares y clubes del mundo. No sólo los jugadores pudieron mostrar su capacidad, sino también colegas entrenadores que llevaron su pensamiento y esfuerzo por diferentes países”.

Su actualidad

Con relación a su actual participación como entrenador principal de Nicolás Avellaneda en el Torneo Federal acotó: “me siento muy bien porque sigo en la actividad dando una mano a un grupo de amigos y liderando a jóvenes asistentes que con capacidad ofrecen su esfuerzo para el básquetbol de Tucumán, sobre todo participando en esta gran competencia nacional. Todos, de alguna manera, aportamos para que clubes y entidades del norte participemos. Tenemos posibilidades de presentar entrenadores y jugadores jóvenes a la crítica nacional”.

Respecto, específicamente, al Torneo Federal, puntualizó: “es positivo porque se sigue jugando, pese a la tremenda crisis económica. Hay equipos participando gracias a que los dirigentes trabajan y apoyan el esfuerzo. Creo que en todo el país los funcionarios deberían tomar el ejemplo y dar una mano para concretar la mejora constante del deporte. Para continuar esta evolución hay que apoyar en los diferentes niveles a los más jóvenes, incluso convocar muchos jóvenes en categorías formativas en las selecciones nacionales. La tarea básica es mejorar el básquetbol desde las formativas”.

Además, expresa preocupado por la actualidad deportiva: “el Estado debe tomar mayor intervención”. Y observa: “pregunto, si los clubes cerraran sus puertas… ¿los chicos adónde irían?”

Consejos para los jóvenes entrenadores

Como consejo a los entrenadores jóvenes, recalcó: “deben seguir con su fuego sagrado dentro de cada uno por conocer, escuchar mejor y tratar de llevar a la práctica los nuevos conceptos, siempre observando que es lo más conveniente para los argentinos, según el común denominador de la conformación física de los habitantes del país. Que tengan siempre la llamita encendida de la pasión. No perder nunca la humildad. Ser un ganador, pero no sólo en la cancha, sino en todos los aspectos. Ser un formador. Y lo más importante es ir dejando huellas por donde va, por donde se transita, porque eso nadie lo olvida. Los títulos sí se olvidan con el tiempo, de las huellas no. Lo bueno es que hay muchos jóvenes entrenadores que están apareciendo para bien del basquetbol. Ésta es otra gran satisfacción que tengo, que varios entrenadores los tuve como jugadores: Lucas Victoriano, Carlos Romano, a nivel nacional, Hugo Angelicola, Álvaro Arraya, Francisco Ruiz, Daniel Allende, José García, Gabriel Albornoz”.

Sueños y reflexiones

Nos cuenta efusivamente que su sueño es salir campeón y demostrar que a su edad puede lograrlo siempre que el fuego sagrado mantenga esa llama encendida que todavía está vigente, repite varias veces con mucha pasión. Y añade que no perdió las ganas, que las tiene como en el primer día y que seguirá intentando entregar al básquet todo porque siempre queda algo por dar. Y sin parar sus deseos de seguir hablando y explicándonos, nos dice con alegría y con un dejo de nostalgia: “el básquet me brindó muchos amigos fieles, noches de sana bohemia y la satisfacción de que los chicos les comenten a sus padres mi predisposición continua a trasladarles experiencias dentro de una cancha y fuera de ella”. Comenta que no puede pedirle nada más al básquet: “sería de ingrato pedirle algo, el básquet me dio todo y lo que yo pueda seguir dándole, será poco”.

Millán no se aferra a manuales de psicología para relacionarse. Aún no deja de soñar con tener un club propio y viajar a los Estados Unidos para conocer desde adentro el básquetbol súper profesional de la NBA. Dicen que en la vida el tango a uno lo espera, y cuando lo agarra, no lo suelta. Ni el básquet esperó a Millán, ni él tampoco al básquet. Se encontraron desde siempre. Así de simple.