CONTACTOS MUNDIALES / GENERACIÓN ¿ Y ?horacio 1

Otro de los motivos importantes de nuestra llegada al  mundial para difrutar de un torneo de gran trascendencia fue el acercamiento con nuestros pares . Después de habernos relacionado en dos oportunidades con casi 25 entrenadores sudamericanos en la ciudad de Paraná para intensificar nuestras relaciones y a la vez provocar un intercambio  fluido de conocimientos, es que se modelaron unos tarjetones impresos a modo de atención a periodistas y a la asociación de entrenadores españoles liderada por su presidente Joan Maria Gavaldá.

 También fue muy reconfortante el contacto con Lolo Sainz legendario entrenador español y con el griego Giannakis, actual presidente de la asociación de técnicos de Grecia, todos intercambios   que  estimulan todo lo relacionado con nuestra actividad como entrenadores.

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 La  nota de Marcelo Nogueira   en Olé pone de manifiesto  todo lo relacionado  con la Generacion Dorada. sus comienzos y la importancia  de lo entrenadores  argentinos, como así también  el futuro  que tendremos  que  vislumbrar como el tiempo de recambio.

A continuación, la nota de Marcelo Nogueira en el Diario Olé

La de ayer pudo haber sido la última función de un equipo al que algunos históricos le quedaban. ¿El futuro? Más reconstrucción y a tener paciencia.

La Generación Dorada fue una marca que nació casi de casualidad y que sirvió para identificar al seleccionado durante una década con el aficionado satélite del básquet, ese hincha pasional de los colores celeste y blanco de cualquier deporte que no sea el fútbol.

Olé fue el medio que los bautizó Generación Dorada luego del triunfo frente a Italia en la final de los Juegos Olímpicos de Atenas 2004. Consta en el archivo.

Es tan cierto como que con el correr de los años, las idas y vueltas de los jugadores y los entrenadores, el apelativo fue perdiendo su potencialidad en la interna basquetbolera. Para relanzar marketineramente al seleccionado, hace tres años, se lo rebautizó El Alma, un mote que no se familiarizó con el público, fue recibido con indiferencia en los medios de comunicación y no contó con la bendición de los referentes históricos.

El nombre es lo de menos y bien puede quedar para discusiones de cafetín. Acá lo que vale es la filosofía de trabajo profesional que iniciaron en 1997 los entrenadores Julio Lamas (DT) y Rubén Magnano (en ese momento asistente), que fue modelando con los años a un excepcional grupo de jóvenes, una camada maradoniana.

Esos jóvenes nacidos en nuestra competencia interna se desarrollaron en las mejores ligas de Europa y, algunos, terminaron de explotar en la NBA. Argentina fue entre el 90 y el 2000 una cantera de talentos increíble, de donde los clubes europeos de chequera libre se servían los mejores cortes de carne a bajo costo.

Lo que no perdieron esos jóvenes fue el compromiso por competir para su país. Si hasta tuvieron que resistir las presiones de sus eventuales patrones hasta el límite de perder el contrato.

Y del juego, qué queda por decir. Marcaron un estilo rescatando los antiguos conceptos de este deporte. De lo que parecía archivado o en desuso por cierta cultura individualista que nos llegaba del estilo NBA, Argentina reinventó el estilo solidario, altruista y efectivo. Le mostró al mundo que se podía jugar muy bien en conjunto, entre todos. La Selección fue elogiada y tomada como ejemplo por los principales referentes de Estados Unidos, “la madre patria del básquet”. Los entrenadores Gregg Popovich (Spurs) y Mike Krzyzewski (Duke y la selección), capos en la materia, por citar un par de casos, se cansaron de hacernos reverencias.

Ahora nos preguntamos qué viene, cuál será nuestro futuro, si volveremos a pelear mano a mano con las potencias tradicionales. Tranqui, no viene nada nuevo, sigue lo mismo.

La derrota con Brasil no nos empujó al abismo, ya se sabía que el retiro voluntario de algunas de nuestras estrellas nos podía hacer bajar unos peldaños de la clasificación. Pero la reconstrucción ya había empezado hace un año, en el Premundial de Caracas, con la irrupción de jóvenes proyectos, que seguirán desarrollándose en nuestra Liga Nacional, aunque con la posibilidad acotada de llegar a Europa porque no tenemos tantos talentos ni por acá sobra la plata.

El básquet, a diferencia del fútbol, no está contaminado de la presión resultadista a corto plazo. Así es que puede darse el tiempo necesario para retornar a discutirles los puestos de vanguardia a los mejores de hoy. ¿Cuándo? Para el próximo Mundial o los Juegos Olímpicos de Tokio 2020. Eso sí, en el medio habrá que acostumbrarse a sufrir, pero sin salirse del camino que trazó la Generación Dorada.

Fuente: Olé

Foto de de Portada (Marceo Figueras)